06/02/2021

Diseño universal o cómo diseñar para personas con discapacidad

Diseño universal o como diseñar para personas con discapacidad

“Tanto los objetos como los espacios deben diseñarse de manera que puedan ser utilizados, sin modificación alguna, por el mayor número posible de personas”. [1] A esto se le conoce como diseño sin barreras o diseño universal, y es la base sobre la que se sustenta el diseño que incorpora la accesibilidad física, la accesibilidad sensorial y la accesibilidad cognitiva, o lo que es lo mismo, que tiene en cuenta las necesidades de las personas con discapacidad durante todo su proceso de desarrollo.

Desde Hoy es el día entendemos que el diseño pensado solo para una parte de la población es un mal diseño. Un diseño que no puede ser comprendido, utilizado o percibido por alguna persona, sea cual sea su circunstancia, la discapacita.

Cualquiera podemos sentirnos identificados si nos imaginamos en el hospital de un país extranjero, donde no dominamos el idioma y con una señalización confusa intentando encontrar la habitación de un paciente. Seguro que nos sentimos incapaces. No obstante, una señalización clara, sencilla y, como veremos más adelante, redundante, nos capacitaría para encontrar la habitación por nosotros mismos. 

Este ejemplo nos demuestra que las situaciones de discapacidad son muy amplias y pueden afectarnos a todos en algún punto de nuestra vida. Pero también refleja que, del mismo modo que un mal diseño puede discapacitarnos, un diseño que tiene en cuenta la diversidad, capacita a aquellas personas con algún tipo de dificultad haciendo que su discapacidad no interfiera.

Cómo diseñar pensando en las personas con discapacidad

1. Empatía y validación

El diseño universal no se centra exclusivamente en la discapacidad, sino que pone el foco en diseñar para el mayor número posible de personas. Y para conseguir esto es importante tener en cuenta las dificultades a las que éstas deben enfrentarse. ¿Cómo lo hacemos?

En primer lugar, debemos ponernos en el lugar del usuario de forma que podamos analizar e integrar de la mejor forma posible sus necesidades. Para realizar este ejercicio de empatía caben varias posibilidades, de mayor a menor empatía. Está claro que podemos pensar como se sentirá o cuales serán las necesidades de un usuario con algún tipo de dificultad. Este sería un nivel de empatía bajo. Si queremos trabajar desde el otro extremo de los niveles de empatía podríamos hacer partícipes a los usuarios implicados en el proceso de diseño. Y como nada el blanco o negro, tenemos opciones intermedias como enfrentarnos nosotros mismos a las dificultades y/o contar con el asesoramiento de los usuarios implicados, asociaciones o personas expertas en la materia.

En segundo lugar, y siguiendo esta misma línea, deberemos validar nuestro diseño para confirmar que verdaderamente puede ser comprendido, utilizado y/o percibido por el mayor número de personas posibles.

2. Diseñar teniendo en cuenta las diferentes capacidades sensoriales.

Nuestras capacidades sensoriales son aquellas que nos permiten percibir el mundo a través de nuestros sentidos, fundamentalmente a través de la vista, el oído y el tacto. Por este motivo, en nuestro proceso de diseño es importante tener en cuenta la perceptibilidad, es decir, la capacidad que tiene nuestro diseño de ser percibido a través de estos sentidos. 

Para mejorar la perceptibilidad de nuestro diseño podemos utilizar diversas estrategias. Si recordamos el ejemplo anterior y volvemos a imaginarnos en el hospital extranjero de señalización confusa, resultará útil presentar la información con métodos de codificación redundantes, por ejemplo, de forma textual, visual y táctil al mismo tiempo. De este modo, aunque no comprendamos el idioma, podríamos apoyarnos en los iconos para orientarnos. Es habitual oír que vale más una imagen que mil palabras, pero para los métodos de codificación redundantes, lo ideal es la combinación ambas.

Ejemplo de diseño redundante: Textual, visual y táctil.

 Para mejorar la perceptibilidad de un diseño también podemos trabajar los tamaños y el contraste de los elementos para favorecer la visibilidad y diferenciación entre los mismos. Validar nuestros diseños para diferentes modos de visión, como los derivados del daltonismo. Facilitar la compatibilidad con tecnologías de ayuda (por ejemplo, con los códigos ALT de las imágenes web, que son utilizados por los lectores de pantalla de las personas con deficiencia visual). O utilizar recursos gráficos pensados específicamente para determinadas problemáticas, como por ejemplo, tipografías pensadas para mejorar la lectura de personas con dislexia.

Diferentes modos de visión por Daltonismo

2. Diseñar teniendo en cuenta las diferentes capacidades físicas.

Las dificultades físicas pueden complicar el uso o el acceso a nuestro diseño. Y como veremos, las capacidades físicas y sensoriales van de la mano en algunos momento. 

Volvamos al ejemplo del hospital, e imaginémonos que además precisamos del uso de una silla de ruedas. Esta situación cambia la perspectiva estándar sobre la que visualizamos la señalización de los espacios, de modo que una señalización podría ser difícil de ver desde un punto de vista más bajo si está colocada a demasiada altura, por una cuestión de perspectiva/física, pero también podría derivar en una implicación sensorial, si el cuerpo de letra o el tamaño de los iconos son demasiado pequeños y no podemos percibirlos con suficiente claridad.

Para afrontar esta situación desde una perspectiva de diseño universal podemos pensar en la ubicación de nuestro diseño para saber si será accesible tanto para usuarios sentados como para aquellos que están de pie. Debemos minimizar el esfuerzo necesario para utilizar nuestro diseño, por ejemplo, reduciendo el número de clics necesarios para acceder a un determinado contenido web o disminuyendo el número de campos a rellenar en un formulario. O podemos minimizar las acciones repetitivas que requieren de un esfuerzo físico continuado, por ejemplo, en la apertura de un packaging de envío a domicilio con demasiados envoltorios.

3. Diseñar teniendo en cuenta las diferentes capacidades cognitivas.

El ejemplo que hemos estado recreando nos muestra como nuestra capacidad para utilizar, percibir o comprender un diseño pueden ir más allá de la discapacidad. En ocasiones, nuestro nivel de experiencia, nivel de educación o nuestra cultura pueden interferir también en nuestras capacidades, así como nuestras capacidades cognitivas como la memoria, la concentración, la comprensión o nuestra capacidad de resolución de problemas, que incluso pueden variar según el momento.

Para hacer frente a esta situación, el diseño universal utiliza dos principios básicos: la simplicidad y la indulgencia. Es decir, debemos intentar que nuestros diseños sean claros y consistentes, eliminando complejidades innecesarias. Para ello utilizamos estrategias de simplificación, como convertir un contenido complejo en varios más sencillos, utilizar apuntes de lectura fácil o reducir al máximo el contenido de un cartel o folleto para que la información relevante quede clara inequívocamente.

Además, la indulgencia hace referencia a limitar la posibilidad de cometer errores y reducir las consecuencias que se puedan derivar de los mismos. Así, en una web o app podemos utilizar alertas que nos avisen de posibles errores y nos permitan confirmar nuestras acciones, y además, permitir que estas acciones sean reversibles.

El diseño universal es un mejor diseño para todas la personas

Históricamente la realidad ha sido distinta. No se diseñaba para que un mismo diseño fuese perfectamente útil y funcional para todas las personas, sino que se realizaban diseños diferenciados pensados para las personas que, habitualmente por razones de discapacidad, no podían utilizar, percibir o comprender el diseño considerado estándar. Esta estrategia sigue siendo necesaria en algunos casos entre los que se encuentran, por ejemplo, los Sistemas Aumentativos y Alternativos de Comunicación (SAAC), fundamentales como forma de expresión distintas al lenguaje hablado, que tienen como objetivo aumentar y/o compensar las dificultades de comunicación y lenguaje de las personas con ciertos tipos de discapacidad [2], o el Sistema Braille de comunicación escrita para personas ciegas, donde el diseño universal no siempre puede dar una solución genérica.

Sin embargo, como hemos destacado al inicio, el diseño universal afirma que los diseños deben ser funcionales, sin adaptaciones o modificaciones especiales, para personas con diferentes capacidades, entendiendo esto más allá de la discapacidad. Desde Hoy es el día consideramos que un diseño que tiene en cuenta todo ello y realiza las adaptaciones necesarias para alcanzar al mayor número de personas posibles puede traer como resultado un diseño mejor para todas ellas, sea cual sea su capacidad. O por lo menos, será creador de un espacio social más inclusivo y diverso.


REFERENCIAS

  1. Jill Butler, Kritina Holden, William Lidwell. Principios universales de diseño. Ed. Blume. 2005.
  2. Carmen Basil. ARASAAC. Centro Aragonés para la Comunicación Aumentativa y Alternativa (http://www.arasaac.org/aac.php) [Revisado Agosto 2020]

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